| Diciembre, mes de recolección y mes de olivas.
Llevamos dos días "con las olivas" y es día de pesada.
- Maños, he oído donde mi hermana que están pesando olivas donde Raga, pero que no saben a cuánto darán; aunque dicen que con el cosechón que hay seguro que no darán más del quince o del dieciséis por ciento.
- Ya sabemos que están pesando y esta tarde las llevaremos.
Por la tarde, en cuanto oye la puerta del garaje, baja y nos dice:
-Yo he calculado trescientos cuarenta kilos, ¿cuánto han pesado?, ¿a cuánto dan?.
-Te has equivocado en muy poco- contestamos- hemos pesado trescientos cuarenta y ocho y aún no han hecho la prueba para saber a cuánto dan.
-Y mañana, ¿ adónde vais?.
-Mañana, si Dios quiere y el tiempo lo permite, iremos a "la Dehesilla" a ver si terminamos allí.
-Y a lo de mis padres, ¿cuándo iréis?.
-No te preocupes que todo se andará, no somos de campo y ya sabes que no tenemos prisa- contestamos.
-Maños, me diréis que soy una pesada, pero ya sabéis la ilusión que me hace, las almendras y las cerezas me dan igual, pero las olivas… Esta tarde he visto a Jesús "el cachules", que llevaba el coche cargado de olivas y mirad si me gustan que le he dicho que si me las enseñaba. Él, muy cariñoso, me ha dicho que eso estaba echo.
Pasan los días y la Navidad.
Enero, mes de recolección y mes de olivas.
-Mañana, si todo va bien, acabamos en "Aguachones" y "plantamos la olla", digo comiendo.
-Pues yo había calculado doscientos kilos en lo de mis padres y me parece que no van a salir y mira que allí hemos llegado a coger hasta siete decalitros.
-Sí, pero cuando cogíais siete decalitros estaba todo bien cuidado y además, entraban también los olivos que tiene ahora tu hermana.
-Ya, pero a pesar de todo, a mí me han engañado los cálculos. Cuando vayáis a pesar preguntar a ver si ya saben a cuánto dan.
Pasan los días y nos acercamos a mediados de Enero.
-Maños, pero ¿aún no se sabe a cuánto dan?, si ya hace tiempo que tienen que haber hecho las pruebas.
-No te preocupes que mañana pasaremos a ver si saben algo…
Mañana, ¡qué lejos y qué cerca está el mañana!.
Al día siguiente te levantas y dices que no te encuentras bien, que no tienes ni ganas de comer. Pasan las horas y cada vez te encuentras más desganada.
Llamamos al médico, te hacen un análisis de sangre y por la tarde nos dicen que necesitas urgentemente un trasplante de riñón, pues los tuyos han dejado de funcionar. El mundo se nos viene encima.
Ya no preguntas ¿a cuánto dan, maños?..., pero a nosotros se nos queda en el corazón esta pregunta y a la vez nos preguntamos: Y tú ¿cuánto has dado?. Tú lo has dado todo, primero a tus padres y hermanos, luego, a tú marido e hijas y más tarde, a tus hijos (que no dudes que lo somos) y a tus nietas y sobrinos.
Con el paso de las horas nos confirman, ya lo sabíamos, que también lo has dado todo a tus amigas y a la gente de tu pueblo.
Has sido tan generosa que hasta has preferido morir entre los tuyos, antes que recibir un riñón o hacerte la diálisis, pues seguro que pensabas que había otros que lo necesitaban más que tú.
Gracias por la muestra de vida que nos has regalado, tú no has dado ni el quince ni el dieciséis por ciento, (algunos no damos, yo el primero, ni el uno por ciento) tú has dado, desde tu sencillez y humildad, como mínimo el mil por ciento.
Gracias por ser como has sido, que tu pequeño, pero para nosotros gran ejemplo, sea semilla en nuestras vidas.
Allí en el cielo, descansando junto a tú marido y otros seres muy queridos por ti, ya te habrán informado a cuánto aceite dan; pero si aún no has tenido tiempo de informarte, por el trasiego de los primeros días, te diremos que han sido muy justos (queremos empezar a pensar como pensabas tú). Además, ahora que nos faltas tú, ¿qué importancia tiene eso?. | 
La estaca

Cogiendo olivas
|