LOS CICLOS DE LA VIDA.
Infancia y Juventud.

Por Mariano Alonso Iglesias.

(Este artículo está dedicado a D.Tomás Asensio Olvés, que en Paz Descanse, pues gracias a su preocupación y buen hacer por la cultura de Sabiñán, dispongo de datos fidedignos de antiguas costumbres hoy perdidas. ¡Gracias amigo Tomás!.)

Publicado en la revista

"Enebro" nº:21,de enero de 1999.

 

Continuando con “Los ciclos de la Vida”, hoy quiero recordar como era antiguamente, más o menos, la infancia y juventud de nuestros antepasados.

La infancia, un continuo aprender, discurría entre las mujeres de la casa y la escuela donde se aprendían las cuatro reglas, amen de leer y escribir lo elemental.

Los programas educativos diferían mucho de los actuales, incluso las asignaturas eran diferentes en su nomenclatura y su contenido. Las famosas “enciclopedias” usadas en toda España se desglosaban en temas monográficos sucintos, sin “paja”, con textos muy condensados que en la mayoría de los casos había que aprender “de memoria”. Estas enciclopedias eran áridas, sin apenas dibujos (nunca en colores), poco atractiva...

El final de curso hacía coincidir con la festividad de S.Pedro, 29 de junio, siendo por lo tanto fiesta doblemente celebrada por todos.

Los niños normalmente andaban descalzos y esperaban el día de la fiesta patronal para estrenar alpargatas. Casi todos vestía pantalón corto de pana, con tirantes de la misma tela. Esta prenda llevaba una abertura por delante y otra por detrás, y cuando se les salía la camisa les decían: “ que se te sale la papeleta” y les tiraban de ella, al tiempo que se iniciaba alguna que otra pelea.

El juego era la actividad esencial, no solo como elemento lúdico, sino también de aprendizaje; los juguetes eran casi siempre de fabricación casera: pelotas o pelotones obtenidos de la vejiga del cerdo o de la lana y estambres y calcetines viejos forrados con cuero de guantes en desuso; juegos muy usuales de los niños eran: “la galdrufa” o peonza, “la dicota”, el escondite, tango, marro y en algunas zonas “las tijeretas” con las que se perseguía a otros diciendoles “abróchate la bragueta, que llevo cortapicheta”.

Las cancioncillas que acompañan a los juegos muestran bien la difusión universal de algunas y el carácter local de otras; sirva como ejemplo esta canción que se tarareaba con los naipes de la baraja a la vez que se castigaba al que “pagaba”:

“cuatro, sopapo;
cinco, pellizco;
seis, revés;
siete, cachete.”

y cuando salía el rey, le hacían decir:
“yo como rey,
me limpio el culo
con un papel”

lo cual no deja de se curioso para la mentalidad infantil, para la que bastaba “una piedrecica” para tales menesteres.

La juventud daba acceso al trabajo y a la integración de los niños que a efectos laborales dejan de serlo muy pronto. Eran ayudantes de todo, llevaban la comida al campo, “espigaban” tras los segadores, “ataban” tras los injertadores, recogían hierba para los conejos y daban de comer a los tocinos y caballerías. Los “mocetes” cumplían continuamente y sin parar órdenes y recados, aprendiendo cuanto pudiera ser útil al servicio del “Señor” de “la casa”.

En las zonas de olivos se cantaban coplas mientras se recogía la oliva. En Sabiñán cantaban antes de sacudir las olivas:

“Se suben por esos árboles
muy contentos y alegríos...
se colocan por las ramas
que parecen pajarillos.

Si alguna rama estallase
te pedimos con fervor
no haya ninguna desgracia
de toda la reunión.

Durante el trabajo:

“De los olivares vengo
allí he visto a tu galán
que iba de olivo en olivo
como el mismo gavilán.”

Y sobre todo:

“De los árboles frutales
el olivo es el mejor
echa la fruta menuda
y alumbra a Nuestro Señor”

El jornal que diariamente se ganaba durante la recolección de la oliva era: los niños hasta los diez años, dos reales; hasta los quince una peseta; y en edad mayor tres pesetas. El último día de recolección el patrono invitaba a todos los obreros a la “olla” que consistía en una sartenada de rancho de carne con patatas y arroz, hechas en el mismo campo, (regadas como es de suponer con buen vino de la propia cosecha).

Para finalizar, diré que la organización familiar de la casa daba especial valor al primogénito, y dejaba a los “segundones” tomar el camino de la clerecía o de los oficios, cuando no la emigración.

 

Niños en el campo.

 

 

 

 

Niñas en el campo

 

 

 

 

Grupo de niños a la salida de la Iglesia

 

 

 

 

Obra de teatro infantil

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